Nada mas salir de la estación de metro de Lavapiés, en la plaza del mismo nombre,
nos encontramos con un hombre de rasgos asiáticos que nos entrega una propaganda
de un restaurante indio. Sentados en uno de los bancos de la plaza vemos a un grupo de
ancianos, vecinos de éste barrio de toda la vida que, disfrutando de algunos rayos de sol,
dejan pasar el tiempo, y parecen quejarse de sus achaques y otros problemas de su vida
cotidiana. En la acera de enfrente, en la esquina donde está situada una farmacia, tres
jóvenes marroquíes de veintitantos años charlan entre ellos manteniendo una actitud
que a cualquiera le haría sospechar que algo están tramando. De otro lado de la plaza, a
la entrada del Centro de Arte Dramático Valle-Inclán, dos negros, venidos de la África
subsahariana, se saludan en un idioma ininteligible. Ésta es la imagen de un día como
otro cualquiera en este céntrico barrio de Madrid.
Situado en pleno centro de la capital, Lavapiés es un barrio de contrastes. Entre lo
tradicional y lo moderno, entre lo castizo y lo exótico. Con una población de carácter
multiétnico, se ha convertido en un lugar mítico, una manera de vivir, un estilo. Aunque
la zona no existe oficialmente como barrio, pertenece a la Junta de Centro y tiene una
personalidad inconfundible construida y aceptada por el imaginario colectivo de toda
una ciudad y, posiblemente, de todo un país.
Lavapiés se ha transformado en los últimos años de forma acelerada. De un barrio
castizo donde las ancianas sacaban sus sillas a pie de calle para charlar con las amigas,
hasta convertirse en un barrio multicultural, un barrio ejemplo de lo diferente, donde
más de un tercio de su población es inmigrante, convirtiéndose en una referencia de la
integración de culturas con una gran mezcla de nacionalidades. Los comercios chinos
abren sus puertas junto a los Döner Kebab y teterías egipcias, mientras las fruterías
propiedad de paquistaníes cargan y descargan continuamente manteniendo las tiendas
abiertas hasta las tantas de la noche.
Las numerosas tiendas de gastronomía exótica, que han sustituido al comercio
tradicional, llenan sus calles y plaza de olores y sabores. En estas tiendas venden
productos importados de sus países de origen. Podemos comprar desde el cus-cus y
especias marroquíes en una tienda árabe hasta los noodles y brotes de soja o bambú
en una de especialidades chinas. Estas tiendas dirigidas inicialmente a los propios
inmigrantes va aumentando día a día su clientela española.
Mucha gente desconoce que Lavapiés en sus orígenes era la judería de la ciudad hasta
la llegada de los Reyes Católicos, que en 1492 expulsaron a todos los judíos de España.
Los judíos y más tarde los conversos ocuparon este barrio. La actual iglesia de San
Lorenzo, unida a la plaza de Lavapiés por la calle la Fé, antigua calle de la Sinagoga,
ocupa el solar que antaño ocupaba el templo judío.
A finales de los ochenta Lavapiés era un barrio habitado exclusivamente por gente
mayor, que vivía en casas viejas y de pequeñas dimensiones construidas alrededor de
un patio, que conocemos por corralas. Alguna de estas casas ya presentaba un estado
deficiente, casi ruinoso. Muchas de estas personas eran inmigrantes que venían de zonas
rurales de España, y esa es la gente a la que hoy en día se la considera “de toda la vida”
del barrio.
Una década mas tarde, y debido a la cantidad de edificios vacíos y en malas
condiciones, comenzaron a llegar jóvenes sin recursos denominados global de Red de
Lavapiés – organización en la que confluían discursos y prácticas okupas, feministas, de
liberación lesbiana y gay, anti-bélicas, pro-vivienda, pro-República, etc. que se reunían
en casas okupadas y que en este barrio han tenido que librar muchas luchas por crear y
mantener espacios sociales y culturales autogestionados que puedan dar libre expresión
a la multiplicidad de ideas e identidades que existe en el barrio. Sin embargo, este
fenómeno hoy en día prácticamente ha desaparecido.
Fue más tarde, a finales de los años noventa cuando la población inmigrante fue
creciendo exponencialmente en España y muchos de los inmigrantes empezaron a
llegar de forma masiva a Lavapiés. Juntos conviven habitantes de ochenta y ocho
nacionalidades distintas y se dice que en el barrio vive al menos un ciudadano de cada
parte del mundo. La nacionalidad más numerosa de inmigrantes es la de los marroquíes,
seguidos muy de cerca por ecuatorianos, colombianos, chinos y bengalíes. Este barrio
es la demostración práctica de que la convivencia entre diferentes culturas es viable.
Aunque no siempre está exenta de algunos roces o tensiones entre ellos.
Un ejemplo de esta convivencia y mezcla de culturas la podemos encontrar en las
celebraciones de fiestas de las diferentes comunidades que habitan en el barrio. Así, por
ejemplo, desde hace varios años la Asociación de Vecinos de Lavapiés y la asociación
de Comerciantes Chinos de Madrid celebran el Año Nuevo Chino en las calles de
Lavapiés y en la Plaza de Cabestreros. Se pueden ver bailes de dragones, leones,
exhibiciones de danza y artes marciales. Todos los vecinos y el resto de madrileños
están invitados. Es una fiesta muy interesante y la mezcla de chinos, castizos, árabes y
africanos la convierte en algo insólito que no se ve en ninguna otra parte de Madrid.
Otro ejemplo es la tradicional celebración del Ramadán. Cuando llegan estos días los
restaurantes árabes del barrio se preparan para el final del ayuno que llegará con la
puesta de sol. Los dueños de los restaurantes esperan ese momento para que comience
a entrar gente. Tienen preparados sobre la barra platitos llenos de dátiles y pastelillos
que aguardan a los comensales. El Ramadán se celebra en familia pero a estos
restaurantes suelen ir solteros y gente que no tiene familia en España. “Hacer Ramadán
en España es más difícil, pero lo hacemos porque queremos. Es una tradición y no la
queremos romper. Además, es muy sano” cuenta Amas, de 24 años. El olor a especias y
hierbabuena lo inunda todo. Tras la comilona, muchos de ellos irán a la mezquita a rezar
como manda la tradición.
Todo esto es una prueba de su carácter multicultural pero ya hemos comentado que a
pesar de esta aparente convivencia no faltan los conflictos. Los vecinos del Lavapiés de
toda la vida se sienten “invadidos”. “Este era un barrio que en realidad era un pueblo.
La gente sacaba las sillas a la calle para sentarse al atardecer. Ahora eso es imposible”,
explica Javier Alonso, vecino de la calle Valencia. Es lo que notan los vecinos “de toda
la vida” que insisten en que el barrio “está muy mal”.
Basura, suciedad e inseguridad son los principales problemas que preocupan a su
población. El hecho de que muchos drogadictos y gente sin recursos se hayan trasladado
al barrio ha contribuido a esa falta de higiene. Por la calle muchas veces tenemos que ir
esquivando basura desperdigada, ropa sucia tirada, frutas en estado de putrefacción o los
excrementos de los perros.
Recientemente un grupo de vecinos, con un gran sentido del humor, pero con una
intención de denuncia muy clara, ha creado la asociación COL (Comité Olímpico de
Lavapiés). Su principal objetivo era denunciar ante las autoridades, de una forma lúdica,
los problemas que se producen en Lavapiés. Existía la sensación de estar siempre
quejándose sobre los mismos temas y no recibir respuestas ni ver cambios. Se trata de
las Olimpiadas de Lavapiés. Entre las diferentes modalidades “deportivas” creadas para
la competición podemos encontramos tiro al árbol, levantamiento de bolsos, esgrima
urbano o destrozo olímpico. Cualquier persona podía acceder a la página Web de la
asociación para participar en las votaciones y así decidir la modalidad-problema que
predomina en el barrio. Las medallas de oro, plata y bronce fueron finalmente para
meada estilo libre en primer lugar, trapicheo con relevos en segundo puesto y el tercer
lugar ha sido para 100 metros cacas y levantamiento de bolsos. “Está claro que la falta
de limpieza y de seguridad son las dos cuestiones que mas preocupan a los vecinos”
señala Andrés Clemente, uno de los organizadores de la iniciativa.
Por otra parte, poco a poco, y gracias a las diferentes organizaciones que apuestan
por la remodelación y renovación del barrio, Lavapiés se está convirtiendo en una fuerte
apuesta cultural. Existe una gran actividad cultural. Desde las salas de teatro alternativo
hasta galerías de arte y salas de espectáculos varios. Su localización tan céntrica, situada
solamente a unos pasos (y una estación de metro) de la Puerta del Sol, acoge además a
restaurantes, tiendas y bares donde se hablan idiomas exóticos y tan diferentes entre sí
como el chino, el árabe o el indio.
El barrio está plagado de centros culturales, galerías de arte, salas de conciertos y
actividades de todo tipo. En plena Plaza de Lavapiés nos topamos de frente con el
Teatro Valle-Inclán perteneciente al Centro Dramático Nacional, instalado en el solar
que antiguamente ocupaba el Teatro Olimpia. Allí se representan obras contemporáneas
que atraen a un público muy variopinto de todas las zonas de Madrid que de esta forma
tiene una excusa para un primer contacto con el barrio.
Subiendo por la calle Olivar se encuentra el Centro Cultural Lavapiés, un centro
municipal donde proponen actividades de todo tipo especialmente para los más
pequeños. Algo más arriba está la Filmoteca Nacional donde proyectan películas de cine
antiguas y de calidad. En el otro extremo, en la frontera con Embajadores y Atocha se
encuentra La Casa Encendida, un centro cultural alternativo para los jóvenes donde se
realizan diferentes actividades culturales como teatro, fotografía, cine, clases de español
para extranjeros, talleres de lectura, actividades ecológicas a favor del planeta, etc. En
sus salas ha habido exposiciones de artistas tan sonados como Andy Warhol o acerca de
la vida de Rimbaud. En la misma calle está el recién inaugurado Teatro Circo Price.
No nos olvidamos del Centro de Arte Reina Sofía, que enlaza con la zona de los museos
del Paseo del Prado de tanto interés cultural y artístico y que tanto atractivo despierta
entre los visitantes extranjeros a Madrid (Caixa Forum, Museo del Prado y Museo
Thyssen-Bornemisza.).
Todo ello contribuye a que en el barrio habite cierta población de carácter bohemio.
Artistas, escritores y otra gente de la cultura. No es raro cruzarte por las calles con el
escritor e hispanista de origen irlandés Ian Gibson, la actriz y directora de cine Itziar
Bollaín o el bailarín de fama internacional Joaquín Cortés. Joaquín Sabina también tiene
su casa en Lavapiés, en la zona limítrofe con Tirso de Molina.
El Ayuntamiento de Madrid ha establecido un programa de rehabilitación, en su
intento por renovar el espacio urbano, que se adentra en lo más profundo de ese corazón
decrépito, para intentar devolver al barrio su antigua gloria castiza, modernizando las
infraestructuras pero conservando las antiguas fachadas.
La rehabilitación ha conseguido que por ejemplo, las antiguas ruinas de las Escuelas
Pías, en la sufrida Plaza de Agustín Lara, se conviertan en una moderna biblioteca de la
UNED, recuperando una imagen clásica y con aires modernos y de funcionalidad. Por
otro lado, añaden al espacio urbano sus centros artístico-culturales con un contenido y
una estética muy progre y renovadora.
Lavapiés es un barrio para comer bien. La calle Lavapiés esta plagada de
restaurantes indios, uno detrás de otro en los que te ofrecen comida muy rica a precios
bastante asequibles. Es en la calle Ave María donde están los restaurantes y bares
marroquíes y egipcios como Babilonia donde puedes tumbarte en uno de sus cómodos
sofás a fumar la tradicional chicha. La calle Argumosa es donde se encuentran bares
de tapas, con terrazas en la calle en verano. Ofrecen comida tradicional española pero
sin olvidarse de ese toque exótico en la comida que caracteriza el barrio. Uno de los
bares más emblemáticos y conocidos de la calle es La Buga del Lobo que mezcla la
gastronomía imaginativa con una variada oferta cultural de fotografía o pintura.
Lavapiés es, en definitiva un barrio vivo, diferente. Es un barrio donde los contrastes
lo han convertido en lo que es hoy en día. Un barrio multicolor y castizo. Con olores
y sabores de todo el mundo. No podemos llegar a conocer Madrid si no hemos pisado
nunca el barrio de Lavapiés. Un barrio en constante transformación y evolución hacia
un futuro en cierta forma todavía incierto pero en movimiento. Es un barrio que se
construye día a día. Es obligado un paseo por sus estrechas y empinadas calles llenas
de gente y vida, de historia y sentimientos y pararnos a tomar unas cañas o un té con
hierbabuena en cualquiera de sus bares.






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